lunes, 21 de febrero de 2011

Autoestima y motivación escolar

La autoestima es la imagen que tengo de mí mismo.
Se construye en base a mi experiencia personal, mi educación, las creencias que tengo sobre mí y sobre los demás, mis valores…
Y tiene mucha incidencia sobre cómo me planteo las situaciones a las que me enfrento en mi vida: actúa como un filtro que condiciona la forma de verme en cada situación, las emociones que percibo y cómo voy a reaccionar para hacer frente a ella. Si soy un patito y me veo y me siento como un cisne, me comportaré como si fuera un cisne. Sin embargo, si soy un cisne y me veo y me siento como un patito feo, me comportaré como un patito feo.
Existen muchos factores de desmotivación escolar: falta de objetivos, ansiedad, desvalorización, intolerancia a la frustración, rechazo de la responsabilidad personal, organización deficiente del tiempo, impulsividad. Todos tienen que ver con la percepción que el niño o el adolescente tiene de sí mismo y de su potencial. 
En la mayor parte de los casos, la pregunta no es si tiene las capacidades necesarias para lograr buenos resultados. La pregunta radica en el cómo se enfrenta a sus estudios: ¿qué piensa cuando se sienta delante de su mesa de trabajo - ¡si consigue sentarse para empezar a estudiar!-?
Si el niño o el adolescente se plantea sus tareas con la idea de que no es capaz, o que es demasiado difícil para él, o con una visión irrealista del tiempo… le cuesta mucho más movilizar su potencial para alcanzar sus objetivos.
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a apartar estos pensamientos y fomentar una percepción de sí mismo que le ayude a enfrentarse con confianza a sus tareas y a su vida?
El coaching abre varias pistas de reflexión que queremos compartir con los padres que nos dicen con un profundo sentimiento de impotencia: “¡hemos intentado todo y nada funciona!
Cambiar de perspectiva
No se pueden controlar los pensamientos de nuestro hijo, pero sí se puede reforzar la imagen positiva que le transmitimos de él mismo. Muchos de nosotros, sin ser necesariamente conscientes de esto, solemos poner el foco en lo que nuestro hijo no hace bien, considerando como “normal” lo que hace bien.
¿Y si empezáramos…
-      a valorar y felicitarle por todo lo que hace bien aunque nos parezca natural,
-      a diferenciar un comportamiento de fracaso de lo que es él como persona,
-      a valorar sus esfuerzos tanto como el resultado,
-      a recordarle situaciones que le han salido de forma exitosa?
Aceptar sus emociones sin juicios
Las emociones de un niño o adolescente surgen de su percepción de la realidad: la imagen del patito feo puede generar inseguridad, frustración, ira, malestar…
Es muy importante aceptar la idea de que sus emociones son legítimas.
Aceptar las emociones de su hijo significa:
-      conectar con su emoción y no con lo que dice o hace en el momento,
-      escucharle sin juicios, es decir sin juzgar, sin dar nuestra opinión, sin dar consejos sobre lo que tendría que hacer.
-      Preguntarle lo que piensa y lo que siente para que encuentre él mismo una forma de superar sus emociones.
Es muy difícil porque solemos enfocarnos en los comportamientos que acompañan las emociones y porque solemos pensar que nosotros sabemos lo que está bien o mal para él.
Sin embargo, esta aceptación le permite librarse de sus emociones y más allá, le permite aceptarlas él mismo para luego asumir la responsabilidad de cómo las va a gestionar.
Empujarle a la acción
Hay un refrán que dice: “machacando se aprende el oficio”. Pues eso, la autoestima se construye en la acción y la experimentación propia del éxito.
¿Qué os parece entonces:
-      Dejar al niño o al adolescente un espacio para actuar por sí mismo; incluso cuando él pida ayuda, proporcionarle los recursos que necesita sin actuar en su lugar,
-      empujarle a la acción proponiéndole cada día tareas a su alcance,
-      valorar el esfuerzo más que el resultado,
-      y, por supuesto, felicitarle con sinceridad?
Desarrollar una “actitud coach” como padres significa entonces apoyar, escuchar, aceptar, preguntar, animar… para ayudar a nuestro hijo a tomar cada vez más conciencia de sus fuerzas, de su potencial y de su responsabilidad personal en la consecución de sus objetivos.
Sin embargo, “no se puede calentar la casa con las ventanas abiertas”. Una actitud coach de parte de los profesores también es fundamental en este proceso de desarrollo de la autoestima de los niños y adolescentes, base de su motivación escolar. Es decir, poner el foco también sobre su persona y no sólo sobre el alumno que representa. 

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